viernes, 20 de abril de 2007

Lejos de la realidad (25/VI/04)

Evocada en mi mente su imagen,
En su rostro la luz que el pasado se ha llevado;
Veo ahora mis debilidades más puras e indefensas.
Dondequiera que voy esta su voz.
Miro el anochecer de este día; respiro el viento de vida;
Al cerrar mis ojos veo la luz de su mirada.
Extasiado, levitando como cuerpo fantasmal sobre la tierra.
El tiempo volverá entonces;
La realidad me espera y muero nuevamente en el olvido.
Anochecer frío y oscuro, funesto y silencioso;
Creo en este final, como el último aliento de mi cadáver.
En cada sueño vivo, escucho y puedo sentir, la presencia que se ha ido.
Duermo en el letargo infinito de mis pensamientos;
La lluvia escucha, pero jamás me ha de comprender;
Tengo quizás por compañero inseparable al silencio.
Puedo ver en cada anochecer,
El recuerdo vuelve, pero jamás el regocijo en mi encuentra…
Errante soy eterno. Lejos de la realidad desaparezco.

Sueños subliminales (sin fecha)

Eleva mis lágrimas de fuego hacia el oscuro destino,
Guía mis sentidos a su muerte, volvedme inmortal.
Castiga con ira mis oscuros propósitos y destrúyeme.
Que mis alas descarnadas den vida al sueño eterno de mi destino.
Purifica con luz las cenizas del odio que ha sido enervado;
Sanad las blasfemias que mi litigante alma, proferido ha.
Caminare al final, ciego en confusión y totales penumbras de amor.
Nefastuosidad… Huye de mi, y sé etérea en mis sueños.
Escapa por siempre de los inquisidores miedos del pasado…
Volved a mi, siniestra sangre derramada.
Volved a mi, pasado, reencarna en mis cenizas.
Errado he en las tierras mortales.
Los Eones han visto lo que mi alma ha destruido y,
Mi corazón colapsa en cada pesadilla de mi hipnotismo letal.
Hipnosis y silencio imperan sobre el cadáver mío.
Odio vuestro me da vida y me hace levitar al infinito;
Eleva mis lágrimas de fuego… Sean inmortales, sin existencia

Sueño Gótico (12/XI/2004)

La sombra humana acecha tras los sonidos de éste silencio…
Escapa y es libre. Es oscura y mortal como sus sentidos;
Es el aliento que me enerva, es el sepulcral espectro.
Fulgurando inminente y rebosante, en éstas mis mórbidas entrañas.
En su voz no hay vida, hay desencanto y amnistía eternos.
Lloro mis lagrimas ante sus labios litigantes, contra mis latidos…
Es mi presa; mi inconsciente depredador que oscurece mi existencia.
Fue vida, y ahora es muerte.
Errando predestinado busco, y no hallo mas que terror en mi sangre.
El holocausto de mi cripta… ¡Oh inmortal presencia invisible!
Gris, como este sueño gótico, que no cesa de atormentarme…
Así es mi voz inerte y desertora,
Perdida en el paraíso de las sombras.
Sin aire… Sin espíritu.
Nunca más despertaré…
Sus manos me llaman;
Volveré a mi inmortalidad.

Un poema nacido del olvido. (18/VIII/2004)

Espíritu, levita sobre mi mente y hazme cenit de tus fortalezas,
Tocad mi corazón, y todo será del color de los funestos sueños.
Renaces en mí del olvido en cada letra que mis palabras evocan;
Iluminas con el fuego el camino hacia el invierno resucitador.
Veo en mí, la desolada valentía de vuestro exiliado legado;
Asceta me has hecho, y aun descanso en el calor de tu mirada.
Sois el afecto corrompido por el tiempo, que aun llora su desgracia.
Y, en realidad, soy causa plena de tu partir.
Soy vida impura que no descansa por amarte;
Levita, noble luz de noche. En mis pensamientos esta el olvido;
Con sangre pactas mi abandono y echas fuera mis palabras.
Por las calles divagas que no existo, aunque sufres causa plena, mortífera.
Como veneno de áspid que ha destrozado tu corazón.
Naciste de mi sentimiento puro, y ahora mueres inminente en mis manos;
Qué mas destino he de correr, qué otra luz hay que me ilumine…
Mi sangre es otra vez oscura cuando la niebla oculta tu mirada.
No hay destino acaso, donde pueda detener mis deseos sentimentales;
Donde pueda olvidar y cruzar el frío de tus recuerdos muertos.
No son voces lo que las imágenes me revelan de su espíritu,
Son sendas que, con lágrimas y viento silencioso, han sido recorridas.
Seguirá siendo el olvido lo que apelante mis cadenas;
Seguirán siendo vuestros ojos, Espíritu levitante, los que den calor a mi espíritu.
El olvido, nuevamente a cuestas, desertará sobre los versos acaecidos.
Verán bajo tu sombra; lloraran a tu partida… Serán infinitos como tu corazón.